3. ENCONTRAR A DIOS EN LA VIDA
Domingo, 06 de Abril de 2008 00:46
1.- Comencemos por compartir qué significa e implica para nosotros “encontrarnos con alguien”. ¿Por qué necesitas encontrarte con determinadas personas en tu vida?
2.- ¿Qué sentimientos te suscita el encuentro con una persona querida? ¿Cómo te encuentras después de ese encuentro?
3.- Expliquemos sucintamente los términos del enunciado:
3.1.- Encontrar:
Dice la Escritura: “En ti vivimos, nos movemos y somos” (Hech 17,28). Parece que deberíamos toparnos con El sin ningún esfuerzo; sin embargo no ocurre así.
La mayoría de la gente no tiene experiencia de Dios. No son conscientes del Dios que está presente en sus vidas; para ellos no hay encuentro. Porque el encuentro no es una simple coincidencia, un esporádico cruce. Es el resultado de una mutua búsqueda, consciente y deseada. Aunque Dios puede irrumpir en la vida sin anunciarse.
La Escritura nos incita a buscar a Dios: “Yo estoy a la puerta y llamo; si uno me abre...” (Apoc 4,20). Pero la búsqueda es una gracia: es él quien suscita el deseo de buscarle. Pascal decía: “no lo buscaríamos si no lo hubiéramos ya encontrado”.
El encuentro mismo es también gracia: es Él el que se hace el encontradizo y se da a conocer. En el encuentro se da una entrega mutua. Este encuentro es el que hace que nuestra fe sea narrativa: “haber visto y oído” (1 Jn 1,1-3).
3.2.- A Dios:
¿A qué Dios encontrarnos? No a cualquiera, sino al Dios de Jesucristo, que es el “Dios del Reino”. No buscamos a un “Dios sin Reino” ni a un “Reino sin Dios”; ni debemos caer en un “espiritualismo desencarnado” ni en un “puro activismo”.
Será necesario plantearnos qué imágenes tenemos de Dios, cómo lo pensamos y sentimos, cómo nos lo han ido presentando desde nuestra niñez, qué nos ha influido más de cuanto nos han ido manifestando y enseñando de Él.
Nuestro Dios siempre refleja en sus ojos al mundo. Cuando llegamos a él en un “viaje de ida” nos hace inmediatamente un “viaje de vuelta” al mundo.
A Dios se le “alcanza” en el seguimiento de Jesús. Nuestra vida ha de ser “proseguimiento de Jesús”. Y es un Dios que nos invita a hacer con Él “historia de salvación”; que se revela en la Naturaleza, pero, sobre todo, en la Historia, “donde trabaja y labora”. Toda historia, personal y colectiva es “historia de salvación”.
Dios es el invisible que se muestra visible por medio de cuanto acontece en la vida. Podemos percibirlo en los acontecimientos que golpean nuestro corazón, en lo signos que nos traen sus huellas, en los rostros que se cruzan con nosotros y a través de los cuales nos habla.
Y a su Hijo, Jesús, lo percibimos y nos encontramos con El en la Palabra revelada, en los sacramentos, en la comunidad, y en medio de los pobres.
3.3.- En la vida.
“Hallar a Dios en todas las cosas y a todas las cosas en Dios”. Se trata querer encontrar a Dios en la vida, que conlleva una doble prohibición: a) prohíbe toda huída del mundo y el paso trascendente por él; b) prohíbe todo amor a Dios que no sea simultáneamente preocupación y amor al mundo. No puede haber oposición entre pura interioridad y mundo exterior.
No podemos evadirnos de la realidad. Hay que:
a) “hacerse cargo de la realidad”, haciéndose presente en ella, pues sólo se salva aquello que se encarna;
b) “encargarse de la realidad”, anunciando en ella el Reino y combatiendo el Antirreino;
c) “cargar con la realidad”, cargar con los conflictos que genera, cargar con la cruz..
4.- Actitudes para el encuentro.-
4.1.- Servir a Dios eligiendo:
Hemos de estar apasionado por lo único absoluto en nuestra vida: Dios, todo lo demás ha de ser relativo, por lo que debemos usarlo “tanto cuanto” nos ayude para prestarle el mejor servicio.
Hemos de estar a la espera de conocer qué quiere el Señor de mí.
4.2.- Vivir con corazón de perdonado:
Sentir y gustar que somos pecadores perdonados. ¿Cómo es un corazón de perdonado?:
- Un corazón agradecido: he sido perdonado y he de estar agradecido. Soy liberado para liberar.
- Un corazón envuelto en la gratuidad. Soy perdonado, no por mis méritos, sino porque Dios es bueno.
- Un corazón de carne (no de piedra).Un corazón vulnerable, como lo fue el del buen samaritano. He experimentado la compasión y me hago persona compasiva.
- Un corazón reconciliado: Consigo mismo: corazón reconciliado con la propia historia. Con los demás: Acepta a los demás, con ternura. Acoge y perdona. Con las criaturas: Las criaturas les ayudan a encontrarse con Dios.
4.3.- Vivir desde una llamada:
El Resucitado nos sigue llamando desde lo cotidiano. Y nos llama para que, con Él y con su aire, su estilo de vida, llevemos la Buena Noticia –siendo nosotros mismos buena noticia- a la humanidad doliente y sedienta de Él.
4.4.- Mirar al mundo desde Dios:
Mirar al mundo con el corazón y el amor de Dios: paciente, incansable, esperanzado.
4.5.- Saber estar cuando la “Divinidad se esconde”.
Saber que el silencio de Dios no es ausencia, sino la discreción de Dios, que respeta por amor la autonomía humana. Pero esa discreción es simultáneamente compañía. En las situaciones de ocultamiento, Dios nos sigue llamando.
4.6.- Vivir como consoladores:
Esponjar el corazón de los demás, haciendo así crecer la resurrección en nuestro mundo.
4.7.- Saberse amados.
Saberse amado incondicionalmente por Dios y palpar ese amor en todas las cosas.
5.- Apoyos.-
Hay que ponerse a tiro, para que se pueda dar esa experiencia de encuentro. Por ello, hemos de servirnos de algunas apoyaturas:
5.1.- Situar mi jornada bajo la mirada de Dios:
Lo que San Ignacio denomina “ofrecimiento de obras”. Pedir luz y fuerza al iniciar el día; luz para saber leer lo que en la vida me a ir diciendo el Señor y fuerza para obedecer su voluntad. Durante el día, podemos renovar ese ofrecimiento, que expresa la motivación de fondo de mi vida.
5.2.- Tener una instancia de recuerdo:
La Eucaristía nos ayuda a hacer memoria del amor incondicional de Cristo.
5. 3.- Beber en la experiencia de otros:
- El acompañamiento espiritual. Contar con un testigo con quien pueda confrontar mi vida es siempre iluminador.
- La lectura espiritual y teológica. En ella aprendemos de la experiencia de otras nuevas posibilidades para acceder a Dios.
5.4.- Estar atento al paso de Dios por mi vida:
Tener algún momento del día, para “darse cuenta” del paso de Dios, “prestar atención para percibir cómo va pasando Dios por mi vida.
5.6.- La comunidad:
Vivir en ella como la mediación mutua de la presencia del Señor y de su Espíritu.
5.7.- La oración retirada:
Buscar un tiempo y un espacio en la vida para hacer la oración, que es un aprendizaje para estar en contacto con Dios cara a cara, para, luego, poder hallarlo en los mil rostros de la vida.
5.8.- El estilo de vida:
Hay estilos de vida que posibilitan el encuentro con Dios, y hay otros que lo dificultan. Se requiere vivir en libertad y no vivir centrado en sí mismo, sino descentrarse: vivir para los otros.
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Oración personal
1.- La experiencia del encuentro.-
Mira en tu vida y analiza cómo se ha llevado a cabo el encuentro con tu marido o mujer, con un amigo, etc.
- ¿Qué pasos se han ido dando para llegar a conocerse, a encontrarse?
- ¿Cómo se ha ido creciendo en intimidad?
- ¿Qué obstáculos ha habido, y hay que superar en esa relación de encuentro?
- ¿Qué sentimientos ha suscitado ese encuentro?
- ¿Qué debe cuidarse para mantener un encuentro vivo?
- ¿Es éste el mismo proceso que sigues a la hora de encontrarte con Dios? ¿por qué?
- ¿Qué pasos has dado hasta ahora para encontrarte con Dios?
Ante el Señor plantéate si deseas tener una experiencia de encuentro con él, ¿por qué y para qué? ¿Qué pasos deberías ir dando?
Pídele al Espíritu que te de la sabiduría necesaria para acertar en el recorrido que deseas hacer.
Durante días comienza la maña expresando en tu interior este deseo:
“Deseo encontrarme contigo”
2.- Lee el texto de Lucas 19, 1-10
Antes de iniciar la reflexión, debemos conocer un poco quién es Zaqueo.
Comienza a imaginar este encuentro, sitúate en este lugar, allá en Jericó, mira a aquella gente corriendo en busca de Jesús. Por allí, subido en un árbol está Zaqueo. Observa ahora quién era Zaqueo: Él era un hombre muy rico debido a su oficio de jefe de publícanos. Cobrar impuestos permitía realizar cualquier arbitrariedad, lo que repercutía en el rápido enriquecimiento del cobrador. Esto le llevaba a ser mal visto y, a la vez, muy mal visto por la gente.
Zaqueo era, por tanto, un cobrador de impuestos, pequeño, excluido de las prácticas religiosas judías; quizás no amado por nadie pero sí temido por todos. Su suerte está echada para siempre, su modo de vivir lo ha empequeñecido y el desprecio de los demás le impide detectar un futuro distinto.
Jesús, ante él, levantó la vista. Levantar es igual a “mirar en profundidad”, “mirar con la intención de hacer el bien”, “con la intención de ejercer la misericordia”. Y le dijo...
- ¿Cuáles son las razones que tiene Zaqueo para querer ver a Jesús?
- ¿Qué acciones emprende para poder verlo? ¿qué dificultades ha de superar para que se pueda dar el encuentro?
- ¿Cómo fue la mirada de Jesús a Zaqueo a diferencias de otras miradas que recibía?
- ¿Qué le dice Jesús y qué esperaría Zaqueo? ¿Por qué crees que Jesús quería hospedarse en casa de Zaqueo?
- ¿Por qué Zaqueo abrió y hospedó a Jesús en su casa?
- ¿Qué sucedería en casa de Zaqueo para que cambiara su actitud y fuera capaz de dar un giro a su vida?
- ¿Por qué ha perdonado Jesús a Zaqueo?
- ¿Es Zaqueo quien busca a Jesús o es Jesús quien busca a Zaqueo?
Habla ahora con Dios de todo cuanto te ha suscitado estas preguntas, después procura ponerte en el lugar de Zaqueo:
- ¿Por qué y para qué necesitas ver a Jesús?
- ¿Cómo te busca Jesús en tu vida?
- ¿Qué puedes hacer para llevar a cabo un proceso de encuentro con Él?¿Quién te puede ayudar en este deseo de encontrar a Dios?
- ¿Qué te dice ahora Jesús en el encuentro que tienes con Él?
Termina la oración agradeciendo a Jesús el encuentro que has tenido con Él.
2.- Ora a través de este texto:
Hijo mío: Tú todavía no sabes lo que eres.
No te conoces aún –quiero decir que no te has reconocido del todo-
como objeto de mi amor.
Por eso no sabes lo que eres en mí, e ignoras las posibilidades que hay en ti.
Despierta y deja los malos sueños: esa fijación en los fracasos y en los fallos,
en los cansancios, caídas y pasos en falso.
Todo eso no es tu verdadero yo.
¡Déjate amar y guiar y... ¡ya verás!
Las máscaras que llevas y los disfraces que te pones
te pueden ocultar a los ojos de los demás
-quizás a tus propios ojos también-,
Pero no pueden ocultarte a los míos.
Esa mirada, tu mirada que no es clara, y tu deseo febril, anhelante,
Así como tus ambiciones, apetencias y ardores, tan queridos, tan tuyos, tan fuertes...
Todo eso no es tu verdadero yo.
Bajo todo ello, detrás de todo eso, más allá de tus dudas y tu pasado,
yo te miro, yo te amo, yo te elijo y abro las puertas del cielo para mostrártelo.
Tú eres un hijo a quien quiero.
¡Podrás decir tantas cosas...! No de ese tú que busca disfraces,
sino del tú que permanece en mi corazón
y que acuno como Padre/Madre en mi regazo,
del tú que puede aún manifestarse.
Haz visible lo que eres para mí.
Sé el sueño hecho realidad de ti mismo.
Activa las posibilidades que he puesto en ti.
No hay ningún don al que no puedas aspirar.
Llevas mi sello, mi sangre u mi Espíritu.
Te beso, te amo, te libero, te lanzo...
Te abro a la vida y te hago dueño.
Y si todo eso es lo que yo te hago,
¿qué te impide levantarte, andar y ser?
Estás en el mundo por tu bien y mi querer.
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¿Qué sentimientos te suscita?, ¿qué te impide ver cuanto de extraordinario y bueno hay en ti? ¿Qué hay de bueno y positivo que Dios está viendo dentro de ti?, ¿cuál es el sueño de Dios sobre tu vida?
Deja ahora que resuene en ti aquella/s frase/s que más te han emocionado y que te han llegado al corazón.
Dirígete a Dios y habla con él desde lo que está significando este momento de encuentro con Él, de las llamadas que te está suscitando este rato de estar con Él.
Y ahora haz esta misma oración, poniendo en tus labios las mismas palabras que Dios te ha dirigido, pero comos si tú se las estuviera diciendo a alguna persona en concreto que crees necesita esta oración. ¿Por qué no sacas como compromiso de esta oración hablar con esta persona, para ayudarle a ver cuanto de bueno y positivo hay en ella?
3.- La experiencia de otros.-
Ora a través de la experiencia de encuentro que otras personas a tu lado han tenido de Dios.
- ¿Qué personas conoces, que crees han tenido o tienen una experiencia de Dios?
- ¿Qué pasos han dado en su vida para llegar a esa experiencia?
- ¿En qué notas en su vida la experiencia de encuentro que tienen con Dios?
- A la luz de esta experiencia, ¿qué llamadas te hace Dios para que lleves a cabo también esa experiencia de encuentro con El?
Mira a tu entorno (familia, amigos, comunidad…) y trata de descubrir de qué manera hoy Dios está queriendo acercarse a ti.
Termina este rato de oración dando gracias a Dios por querer encontrarse contigo.


