14 QUIERO QUE ORÉIS ASÍ

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Tiempo de relajación

 Siéntete con los pulmones llenos... Al espirar, por la nariz, aflojas los hombros...
Repite de nuevo: inspiras por la nariz sin forzar... Retienes el aire un par de segundos.... y espiras aflojándote en los hombros, dejándote caer en la vertical de ti mismo hacia ese punto interior a la altura de tu vientre.

Debes permanecer siempre consciente.... desarrollando un estado de apertura.... dejando que suceda...

Tú solamente “deja” que todo recupere su 'tensión' normal.

Ahora, toma conciencia de tu pierna derecha. . .  No “pienses” en ella, siéntela...  Tu pie derecho, dile que descanse sobre el suelo... No lo muevas...

Dejas todo el cuerpo quieto...

Ahora llevas la atención a tu tobillo derecho: la pantorrilla..., la rodilla..., el muslo derecho,... toma conciencia de toda tu pierna derecha...  Se va relajando, cada vez está más pesada..., más pesada...

Notas un pequeño hormigueo, muy agradable..., una sensación de calor que recorre toda tu pierna derecha. Ahora toma conciencia tu pierna izquierda.

Toma conciencia de tus dos piernas: relajadas.... flojas..., abiertas. Cada vez más y más pesadas... Miras con una atención relajada..., como si llevaras en tus manos una linterna encendida e iluminaras cada ángulo, cada rincón de una habitación oscura.

Tus dos piernas están flojas..., pesadas.... como huecas por dentro. Ahora deja que esta serenidad se vaya extendiendo a tu bajo vientre, y en la región de la pelvis: relaja la boca del estómago..., relaja el pecho y deja que el diafragma baje.

Relajado y en paz,  deja caer estas palabras:

Señor, enséñame a orar.

Repítelas despacio muchas veces sin pensar en otra cosa; repítelas gustándolas, deseando lo que pides. No dejes que venga otro pensamiento a tu mente. Y si viene... vuelve tranquilamente a repetir:

Enséñame a orar.

Escucha a Jesús:

“Cuando oréis, decid: Padre” (Lucas 11,21. "No recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar. ¡Abbá, Padre!" (Romanos 8, 15).

Repite:

 Padre. Tú eres mi Padre.
Tú, mi Padre, mi Dios y roca de mi salvación.
Mi suerte está en tu mano.
¡Abba, Padre!
Yo confío en ti, tú eres mi Dios.

Padre. Tú eres mi Padre.
Tú, mi Padre, mi Dios y roca de mi salvación.
Mi suerte está en tu mano.
¡Abba, Padre!
Yo confío en ti, tú eres mi Dios.

(Silencio con música)

Todos:

Padre, en tus manos me pongo,
haz de mi lo que quieras.
Por todo lo que hagas de mi, te doy gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal de que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi alma entre Tus manos, te la doy, Dios mío,
con todo el ardor de mi corazón porque te amo,
y es para mi necesidad de amor el darme,
el entregarme entre tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tu eres mi Padre.

Escucha a Dios:

Hijo mío,
Hija mía que estás en el mundo.
Eres mi gloria y en ti está mi reino.
Eres mi voluntad y mi querer.
Tu nombre es mi gozo cada día.
Te amo. Te alzo y sostengo.
Te doy todo lo que es mío
- el pan, los hermanos, el espíritu-.
Quiero que vivas feliz
Y que ayudes a vivir.
Te perdono siempre y te pido que perdones.
No temas.
Yo te libraré del mal y de todas sus redes.
Día y noche pienso en ti,
Hijo mío, hija mía.
Amén.

Saborea estas palabras del Padre Dios. Exprésale tu gratitud, tu amor.

Todos :

Padre nuestro, que estás en el cielo,
Padre y Madre nuestro que estás en la vida,
santificado sea tu nombre,
y bien tratada sea cada una de tus criaturas.

Venga tu Reino,
que tu creación se haga Reinado tuyo!
Venga a nuestras mentiras tu verdad,
pon en nosotros el respeto y amor a la vida,
el amor y el respeto a  cada aliento de vida.
Venga tu santidad y tu gracia
Venga tu amor y tu paz.

Hágase tu voluntad, Padre,
Que todas las mujeres y hombres nos reconozcamos,
nos tratemos y vivamos como hermanas y hermanos;
que sintamos en lo más profundo de nuestro ser,
que somos hijos tuyas, amadas hijos tuyas,
llenos de dignidad y belleza.

Danos tu Pan y tu Palabra cada día.
Que sepamos partir y compartir el pan
y  escuchar siempre tu Palabra.
Que no nos hagamos sordos a tu llamada
de dar de comer a los hambrientos,
de darnos a nosotras mismas
para que crezca la vida y la libertad.

Perdona nuestras ofensas
y ayúdanos a perdonar,
a disculpar siempre,
a no ser exigentes.

No nos dejes caer en la tentación
de vivir para nosotros mismas.
Y líbranos del mal, de todo mal,
Libra a todas tus hijas e hijos cautivos,
y ayúdanos a sembrar la verdadera libertad.

AMEN !

Animador:

 Dice San Juan Crisóstomo:

“No podéis llamar Padre vuestro al Dios de toda bondad si mantenéis un corazón cruel e inhumano; porque en este caso ya no tenéis en vosotros la señal de la bondad del Padre celestial”

Pidamos al Señor que nos dé un corazón bondadoso y humano.

 Señor dame un corazón bueno y bondadoso para…

Canto

Padre nuestro, tú que estás en los que aman la verdad…