13 QUIERO, SEÑOR, TENER TUS SENTIMIENTOS
Escrito por Administrador Lunes, 14 de Junio de 2010 22:55
Tiempo de Relajación.
Inspira y aspira lentamente
No hagas nada, simplemente, mantén la concentración, observa cómo se van relajando, como van aflojándose. Da tiempo para que ocurra lo que piensas. Si no ocurre a la primera, quédate tranquilo. No importa en absoluto.
Observa las manos y brazos. Ve cómo se aflojan, cómo se relajan, cómo pesan más cada vez. Hazlo todo despacio, sin prisa.
Deja que los hombros caigan. No los mantengas levantados.
Ahora concéntrate en las mandíbulas y déjalas sueltas, flojas. Los dientes se entreabrirán, y es posible que también los labios. No importa. Notarás una nueva sensación de descanso en la cara.
Relaja ahora la garganta. Observa cómo se afloja. La lengua, déjala igualmente libre, flotando en la cavidad bucal. No aprietes los labios, déjalos sueltos.
Ahora vete a la nuca, lugar preferido de muchos para acumular tensiones. Pasa ahora a los ojos y procede de la misma forma.
Hazte presente al Señor. Déjate mirar por el Señor. Da tiempo a que pronuncie tu nombre ¡Escúchalo! siente su calido abrazo. Toma conciencia de que te quiere así, como eres.
Tus sentimientos:
Mira los sentimientos y emociones que a lo largo de este último tiempo prevalecen en ti. ¿Son sentimientos de alegría, de miedo, de confianza, de ira, de rabia, de tristeza, de amor? ¿Qué estás sintiendo ahora mismo?
Todos:
Señor, quiero tener tus sentimientos, identificarme contigo,
quiero misericordia y no sacrificios
quiero amor sincero y auténtico… compasión…
quiero ternura y bondad…
quiero solidaridad y sensibilidad con el otro…
quiero cercanía al que necesita…
quiero servicialidad y entrega…
quiero bondad y ternura…
quiero sinceridad y autenticidad…
quiero confianza y disponibilidad…
quiero coherencia y rectitud...
quiero verdad y justicia…
quiero buscar siempre el bien del otro
Animador:
En esta sociedad competitiva y de mercado, todos buscamos sobresalir, triunfar, estar por encima del otro. Nuestro orgullo nos puede. Deseamos tener un poco más que el vecino. No aguantamos pasar desapercibidos. Queremos ser relevantes, tener fama, ser alguien importante. Piensa ahora cuáles han sido tus momentos de más orgullo, aquellos momentos en que te ha podido tu soberbia, tu egoísmo, tu afán por quedar por encima del otro…
Echa una ojeada a este mundo, y contempla cómo el dinero nos cambia, cómo el odio nos lleva a la violencia y la muerte, cómo el poder humilla, cómo los pequeños y los pobres siguen excluidos y olvidados. Mira qué lugar ocupan los pobres en tu vida, en tus quehaceres, en tu dinero…
Lectura:
Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. Filipenses (2, 6-11)
En silencio, contempla a Cristo allá en el pesebre y en la cruz. Dios hecho el servidor de todos, el pobre, el humillado, el obediente. Y contempla cómo ama y trata con ternura a los niños, a los enfermos. Déjate sorprender por Él.
Todos:
(Después de cada estrofa dejamos un tiempo de silencio, para saborear, meditar e interiorizar lo expresado anteriormente)
Señor, quiero actuar con los sentimientos de tu corazón,
para amar como Tú amas al Padre
y así como nos amas a cada uno de nosotros, hasta el extremo.
Quiero dar la vida como Tú me dijiste:
“No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos”.
y Tu diste la vida por tus amigos, muriendo en una cruz.
Dame las fuerzas necesarias para entregar mi vida, en el día a día,
actuando en lo posible, con tu misma disposición, tomando la condición de servidor.
Señor, que no hagas las cosas para recibir alabanzas o por vanagloria,
sino estimando y tratando a los demás como superiores a mí .
Enséñame el modo de tratar a los amigos,
como Tú trataste a los discípulos,
yo quiero tratar a mis amigos con la delicadeza que Tú trataste a los tuyos .
Enséñame a amar, para poder poner en práctica tu mandamiento sobre el amor,
porque si yo no tengo amor, nada soy.
Yo quiero estar afianzado en el amor.
En el trato con los demás quiero estar lleno de bondad y amor
y deseos de servirles siempre, siguiendo tu ejemplo, que viniste para servir.
Quiero ser atento y acogedor con los demás.
Dame esa vida abundante que Tú viniste a traer
y dame la gracia para yo poderla compartir con los demás.
Que yo pueda ser como Tú, que vas sembrando amistad con todos,
especialmente con tus amigos predilectos.
Te pido, Señor Jesús, que me enseñes a mirar con cariño y ternura,
como Tú miraste a Pedro cuando lo llamaste.
Quiero aprender de Ti, siguiendo tu ejemplo,
de total entrega de amor al Padre y a los seres humanos, especialmente a los pobres.
Quiero ser enviado para ir y producir mucho fruto que permanezca.
Señor, enséñame a orar, como enseñaste a tus discípulos.
Quiero identificarme contigo, con tu Evangelio, tus bienaventuranzas,
tu servicio a los pobres y necesitados.
Quiero vivir la alegría de la pobreza.
Y enséñame a dar gratuitamente aquello que gratuitamente yo he recibido.
Danos Señor un corazón como el tuyo,
para que actuemos y vivamos como Tú lo has hecho,
manifestando tu amor y tu misericordia. Que así sea.
Canto:
Espíritu Santo, ven, ven,
Espíritu Santo, ven, ven
Espíritu Santo, ven, ven,
En el nombre de Jesús.
Acompáñame, condúceme, toda mi vida.
Santifícame, transfórmame.
Espíritu Santo, ven.
Espíritu Santo, ven, ven,
Espíritu Santo, ven, ven
Espíritu Santo, ven, ven,
En el nombre de Jesús.


