12 VEN DETRÁS DE MÍ
Escrito por Administrador Lunes, 14 de Junio de 2010 22:53
Tiempo de relajación
Tranquilo, concentrado, suelta uno por uno los brazos y piernas (como estirando, apretando y soltando músculos) sintiendo cómo se liberan las energías. Suelta los hombros de la misma manera. Suelta los músculos faciales y los de la frente. Afloja los ojos (cerrados). Suelta los músculos-nervios del cuello y de la nuca balanceando la cabeza hacia adelante y hacia atrás, y girándola en todas direcciones, con tranquilidad y concentración, sintiendo cómo se relajan músculos-nervios. Unos diez minutos.
Muy tranquilo y concentrado, comienza a repetir la palabra "paz" en voz suave (a ser posible en la fase espiratoria de la respiración) sintiendo cómo la sensación sedante de paz va inundando primero el cerebro (unos minutos sentir cómo se suelta el cerebro); y después recorre ordenadamente todo el organismo en cuanto vas pronunciando la palabra "paz" y vas inundando todo de una sensación deliciosa y profunda de paz.
Con tranquilidad, percibe (simplemente sentir y seguir sin pensar nada) el movimiento pulmonar, muy concentrado.
Ponte tranquilo, quieto y atento; capta y suelta todos los ruidos lejanos, próximos, fuertes o suaves.
Después, con mayor quietud y atención, capta en alguna parte del cuerpo los latidos cardíacos, y quédate muy concentrado en ese punto, simplemente sintiendo los latidos, sin pensar nada.
Ponte tranquilo y relajado. Inspira por la nariz lentamente hasta llenar bien los pulmones, y espira por la boca entreabierta y la nariz hasta expulsar completamente el aire.
Pacificado, comienza a decir dentro de ti:
Jesús, entra dentro de mí.
Toma posesión de todo mi ser.
Tómame con todo lo que soy.
lo que pienso, lo que hago.
Toma lo más íntimo de mi corazón.
Cúrame esta herida que tanto me duele.
Sácame la espina de esta angustia.
Retira de mí estos temores,
rencores, tentaciones...
Jesús, ¿qué quieres de mí?
Transfórmame todo en ti.
Sea yo una viva transparencia de tu persona.
Todos:
Hoy, Señor, me presento ante ti
con todo lo que soy y lo que tengo.
Acudo a ti como persona sedienta, necesitada...
porque sé que en ti encontraré respuesta.
Deseo ponerme ante ti con un corazón abierto como el de María,
con los ojos fijos en ti esperando que me dirijas tu Palabra.
Deseo ponerme ante ti como Abraham,
con el corazón lleno de tu esperanza,
poniendo mi vida en tus manos.
Deseo ponerme ante ti como Samuel,
con los oídos y el corazón dispuestos a escuchar tu voluntad.
Aquí me tienes, Señor,
con un deseo profundo de conocer tus designios.
Quisiera tener la seguridad
de saber lo que me pides en este momento;
quisiera que me hablases claramente, como a Samuel.
Muchas veces vivo en la eterna duda.
Vivo entre dos fuerzas opuestas que me provocan indecisión
y en medio de todo no acabo de ver claro.
Sácame, Señor, de esta confusión en que vivo.
Quiero entrar dentro de mí mismo
y encontrar la fuerza suficiente
para darte una respuesta sin excusas, sin pretextos.
Quiero perder tantos miedos
que me impiden ver claro
el proyecto de vida que puedas tener sobre mí.
¿Qué quieres de mí, Señor? ¡Respóndeme!
¿Quieres que sea un discípulo tuyo
para anunciarte en medio de este mundo?
Señor, ¿qué esperas de mí?
En medio de este enjambre de dudas
quiero que sepas, Señor, que haré lo que me pidas.
Si me quieres para anunciar tu Reino, cuenta conmigo, Señor.
Si necesitas mi colaboración cuenta conmigo, Señor.
Canto:
Yo siento, Señor, que tú me amas.
Yo siento, Señor, que te puedo amar.
Háblame, Señor, que tu siervo escucha.
Háblame, ¿qué quieres de mí?
Señor, tú has sido grande para mí.
En el desierto de mi vida: ¡háblame!
YO QUIERO ESTAR, DISPUESTO A TODO.
TOMA MI SER. MI CORAZON ES PARA TI:
POR ESO CANTO TUS MARAVILLAS,
POR ESO CANTO TU AMOR (bis)
Te alabo, Jesús, por tu grandeza.
Mil gracias te doy por tu gran amor.
Heme aquí, Señor, para acompañarte.
Heme aquí, qué quieres de mí.
Señor, tú has sido grande para mí.
En el desierto de mi vida: ¡háblame!
Lectura:
Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios». Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?». Ellos le respondieron: «Maestro, ¿dónde vives? Les respondió: «Venid y lo veréis». Fueron, pues, vieron donde vivía y se quedaron con él aquel día. (Jn 2,35-39)
Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. (Mc 2,13-14)
Peticiones
A Dios, de quien tenemos la seguridad que siempre nos escucha, nos dirigimos en oración sabiendo que lo que le pidamos no va a quedar sin respuesta:
• Para que el Señor siga llamando en su Iglesia a personas que quieran dedicar su vida al servicio de la gente, para mostrar el verdadero rostro de Dios. Roguemos al Señor.
• Por todos nosotros que nos encontramos juntos en oración, para que el Señor nos muestre qué pide de nosotros. Roguemos al Señor.
• Por aquellos que, a pesar de sentir la llamada de Dios, no dan el paso definitivo, bien por miedo, por no estar seguros, o por otros motivos. Roguemos al Señor.
• Por todos aquellos que han dedicado su vida al servicio del evangelio, para que Dios les dé ilusión y fuerza en todo momento. Roguemos al Señor.
• Por los misioneros que están trabajando, e incluso entregando la propia vida, en otros países lejanos a su patria. Roguemos al Señor.
Tú que has iluminado con tu palabra a los que has llamado, ilumínanos con la fe en ti.
Todos:
Jesucristo yo siento tu voz.
Tú me has dicho: Ven y sígueme,
déjalo todo y dalo a los pobres.
Quiero que seas sal y luz.
Confía siempre,
porque a tu lado estoy.
Aquí, Señor, tienes mi vida,
que quiere ser presencia de tu amor;
sé que no es fácil
seguir tus huellas,
pero con tu fuerza seré fiel.
Te serviré entre los hombres,
tu Reino anunciaré
porque a tu lado quiero caminar.
Te serviré entre los hombres,
tu cruz abrazaré.
Si no respondo, vuélveme a llamar. Amén
Canto:
Tu, Señor, me llamas,
Tu, Señor, me dice:
“Ven y sígueme” (2)
Señor, contigo iré (2)
Dejaré en la orilla mis redes,
Cogeré el arado contigo, Señor;
Guardaré mi puesto en mi senda,
Sembraré tu palabra en mi pueblo,
Y brotará y crecerá.
Tu, Señor, me llamas,
Tu, Señor, me dice:
“Ven y sígueme” (2)
Señor, contigo iré (2)


