11 YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA

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Tiempo de relajación

 Aprende a estar donde estás en silencio y en atención amorosa a ti mismo y a todo lo que te rodea. Toma conciencia de tu postura y acomódate a gusto… Toma conciencia de todos los puntos de tu cuerpo en contacto con el suelo, con la silla…, pies, tobillos… Vete subiendo: rodillas, muslo, bajo vientre, tórax, hombro, cuello y cabeza… (Pausa)

Ahora percibe tus sensaciones, sin pararte en ellas: calor, hormigueo, tensión, rigidez, suavidad, flexibilidad… Cuello, hombros, brazos, tronco, piernas (Pausa)

Siente como se va relajando todo tu cuerpo. Suelta la tensión que percibas en tu cuerpo: hombros, espalda, cuello, brazos, rodillas, pies… Afloja toda la rigidez que descubras en tu cuerpo, como si fuese derritiendo poco a poco… Procura soltar las tensiones corporales.

Deja tu cuerpo en silencio

Animador:

 Siente ahora la presencia de Jesús vivo. Está aquí. Quiere llenarte de su vida. Pronuncia su nombre: “Jesús, tú eres mi vida”. Ve recorriendo cada parte de tu cuerpo, dejando que su vida resucitada te llene de paz y alegría. Ve diciendo:

Resucita y da vida, Señor, a:

Mis manos, mi lengua, mis ojos, mis labios, mi mente, mi entendimiento, mi voluntad, mi capacidad emocional, mis pies, mi corazón, mi frente, mis oídos, mi memoria, mi imaginación, mi intuición, mi capacidad creativa.

Silencio, gratitud, alabanza.

Todos:

Señor, yo sé que has resucitado,
sé que estás aquí,
que habitas en mi ser,
que habitas mi realidad contradictoria,
que habitas este barrio,
que habitas mi comunidad
que tomas el rostro
de muchas y muchos sin apariencia
y a la vez eres único
y me esperas
en cada uno de forma diferente.

Yo sé que estás, Señor,
te reconozco tantas veces...
pero se me hace duro en ocasiones
esta manera que tienes de revelarte.
No dejo de andar, Señor
y sin embargo, el camino
siempre parece el mismo.

Dios - todo horizonte,
toda vida y resurrección.
Dios - Derroche
Dios - abuso de amor
Dios humanizado y pobrecillo
Dios de los pequeños
y de los que no podemos

Tú habitas mi corazón de hombre y mujer,
cógelo del todo…y para siempre.

(Silencio)

Canto:

Resucitó, resucitó, resucitó. Aleluya.
Aleluya, aleluya, aleluya. Resucitó.

La muerte, ¿dónde está la muerte?
¿Dónde esta mi muerte?
¿Dónde su victoria?

Resucitó, resucitó, resucitó. Aleluya.
Aleluya, aleluya, aleluya. Resucitó.

Lectura.

En aquel tiempo, estando enfermo Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con sus cabellos. Las hermanas le mandaron recado a Jesús, diciendo: Señor, tu amigo está enfermo. Jesús, al oírlo, dijo: Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, a fin de que el Hijo de Dios sea glorificado por ella…

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Al enterarse Marta que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero ya sé que Dios, te concederá lo que le pidas. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta respondió: Sé que resucitará en la resurrección del último día. Jesús le dice: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que vive y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? Ella le contestó: Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que ha venido al mundo…

Y gritó con voz potente: Lázaro, ven afuera.
(Cf. Juan 11, 1-45)

(Silencio)

Jesús te dice:

Tu enfermedad no es de muerte. Estás herido, pero no muerto. Estás cansado, pero no derrotado. Estás triste, pero no desesperado. Estás roto, pero no acabado.

Tú resucitarás. Cree en mi palabra. Siente mi vida sobre ti. Deja que mi Espíritu te empape.

Yo soy la resurrección y la vida. Yo puede resucitarte. Yo puede darte vida. Yo puede cambiarte. Yo puedo hacer que vivas. Yo puedo curarte. Yo puedo hacer que andes. Yo puedo curar tus heridas. Yo soy tu consuelo, tu esperanza, tu camino. Resucita conmigo. Deja tu muerte. Sal de sepulcro.

Sal del sepulcro y ábrete al sol del amor. Ábrete a la luz de la verdad. Ábrete a cuanto de bueno hay en ti. Ábrete a la alegría de la vida. Ábrete a la solidaridad con tus hermanos. Sal de ti. Sal fuera. Libérate de cuanto te ata. Libérate de tu comodidad. Libérate de tus justificaciones. Sal de ti mismo y sé libre.

(Silencio)

Todos:

Jesús, Tú eres la resurrección y la vida,
Tú eres mi esperanza, mi libertad, mi alegría.
Resucita mi corazón, mi mente, mi cuerpo, mis emociones.

Recrea nuestro corazón,
Espíritu del Resucitado:
danos un corazón
que salte de alegría,
que sepa compartir,
que no acumule “cosas”
sino que se llene de personas.

Que goce con quienes gozan,
que sufra con quienes sufren,
que sea libre para liberar.

Danos un corazón repleto de vida,
que sepa acoger la diferencia sin asustarse,
que viva la no-violencia,
que defienda la justicia, la vida, la paz,
que tenga entrañas de misericordia,
que sea paciente, que viva la fiesta,
que disfrute de la naturaleza.

Que sepa leer la vida como historia de Salvación,
que anhele ardientemente el encuentro contigo.
Que te busque en todo, te encuentre
y te contemple en las luces y en las sombras.

Un corazón que hable lenguaje de ternura,
que mire al interior de las personas,
que no se deje arrastrar por las apariencias,
que escuche a las personas
y cuide el trato con ellas.

Señor, resucítame, límpiame, cúrame, sálvame.
Tú eres la resurrección y la vida.

Lectura: (Ezequiel)

Esto dice el Señor:
Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os traeré a la tierra de Israel.
Así sabréis que soy el Señor.
Os infundiré mi espíritu y viviréis; os colocaré en vuestra tierra, y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.
Palabra de Dios

Lector:

Donde menos lo esperas o cuando menos lo esperas,
donde todo es gris de tristeza, cuando la pesadumbre pesa,
donde nadie imagina ni sueña,  cuando el horizonte se nubla,
es posible la vida por la fuerza del Espíritu.

En la tierra callada, en el surco abierto, en el bosque perdido,
en el barro del camino, en las montañas áridas, en los valles secretos,
es posible la vida por la fuerza del Espíritu.

En los ojos que miran, en las manos que aprietan, en las palabras no dichas,
en las entrañas que gimen, en los regazos que acunan, en tu corazón cambiante,
es posible la vida por la fuerza del Espíritu.

Todos:

ALABADO SEA DIOS
EN LA VICTORIA
DE CRISTO RESUCITADO

Alabado sea Dios
en la victoria de Cristo resucitado 
Alabado sea Dios
en el templo de la nueva creación.
Alabado sea Dios en la sabiduría de la cruz.
Alabado sea Dios en la alegría de ser pobre.

ALABADO SEA DIOS
EN LA VICTORIA DE CRISTO RESUCITADO.

Alabado sea en la fuerza de la debilidad.
Alabado sea en la libertad de ser veraz.
Alabado sea en el amor a los enemigos.
Alabado sea en el trabajo
que construye la paz.

ALABADO SEA DIOS
EN LA VICTORIA DE CRISTO RESUCITADO.

Alabado sea
en la mirada que desvela esperanza.
Alabado sea en la superación
del miedo a la muerte,
Alabado sea en el sacrificio voluntario
por el bien común.
Alabado sea en el llanto
que florece en canciones.

ALABADO SEA DIOS
EN LA VICTORIA DE CRISTO RESUCITADO.

Alabado en los cielos nuevos
al alcance del ser humano.
Alabado en la tierra nueva
habitada por la gloria de Dios.
Alabado en el destino eterno
de toda obra de amor.