VOLVER A NACER DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU.

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Nos disponemos a orar

Recordamos que Jesús decía, según Juan, que sería el Espíritu quien nos ayudaría a comprender.... ¿invocas al Espíritu?, ¿haces silencio a otros espíritus?

Nos disponemos a orar haciendo silencio en nuestro ser, relajándonos y centrándonos en el aquí de este momento.

Tiempo para la relajación.

Todos:

Desde lo hondo te invoco, Señor, y te pido:
envía tu Espíritu sobre mi aridez, envía tu Espíritu sobre mi frialdad,
envía tu Espíritu sobre mi tiniebla, envía tu Espíritu sobre mi fragilidad,
envía tu Espíritu sobre mis miedos, envía tu Espíritu sobre mi cansancio,
envía tu Espíritu sobre mi pobreza, envía tu Espíritu sobre mis contradicciones,
envía tu Espíritu sobre mi falta de fe... Envía, sí, Señor, tu Espíritu,
que renueve en mí todo y haga de mi corazón una casa donde puedas morar,
hoy y siempre, por los siglos de los siglos. AMEN.

En el silencio repetimos: “Señor, envíame tu Espíritu”

Lectura del Evangelio de Juan 3, 1-21:

Había un hombre del partido fariseo, llamado Nicodemo, una autoridad entre los judíos. Fue a verlo de noche y le dijo:
- Rabí, sabemos que vienes de parte de Dios como maestro, pues nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él.
 Jesús le respondió:
- Te aseguro que, si uno no nace de nuevo, no puede ver el Reinado de Dios.
 Le responde Nicodemo:
- ¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo?, ¿podrá entrar de nuevo en el vientre materno para nacer?
 Le contestó Jesús:
- Te aseguro que, si uno no nace de agua y Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. 6 De la carne nace la carne, del Espíritu nace el espíritu. No te extrañes si te he dicho que hay que nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere; oyes su rumor pero no sabes ni de dónde viene ni a dónde va. Así sucede con el que ha nacido del Espíritu.
 Le respondió Nicodemo:
- ¿Cómo puede suceder eso?
 Replicó Jesús:
- Tú eres maestro de Israel ¿y no entiendes estas cosas?  Te lo aseguro: hablamos de lo que sabemos, atestiguamos lo que hemos visto, y no aceptáis nuestro testimonio. Si os he dicho cosas de la tierra y no creéis ¿cómo creeréis cuando os diga cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo si no es el que bajo del cielo: este Hombre. Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado este Hombre, para que quien crea en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino tenga vida eterna. Dios no envió su hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él. El que cree en él no es juzgado; el que no cree ya está juzgado, por no creer en el Hijo único de Dios.  El juicio versa sobre esto: que la luz vino al mundo y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz. Y es que sus acciones eran malas. Quien obra mal detesta la luz y no se acerca a la luz, para que no delate sus acciones. Quien procede lealmente se acerca a la luz para que se manifieste que procede movido por Dios.

Estamos en un proceso de búsqueda de Jesús: “¿dónde vives?”, “¿quién eres?”. Y Él progresivamente nos va revelando quién es Él, cuál es su mensaje, qué proyecto posee, qué quiere el Padre Dios de nosotros. Va metiendo sus palabras en nuestro corazón, va generando deseos nuevos, va creando inquietudes distintas. Y será Jesús quien nos diga:

“El que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios”

 Jesús nos dice que para comprender y acoger la gran novedad que Él nos trae del Reino es necesaria una transformación interior. Así nos la ha manifestado San Juan al presentarnos el diálogo de Jesús con Nicodemo.

 Juan presenta a un hombre concreto, Nicodemo, un fariseo, miembro del sanedrín. Este hombre, que forma parte de la clase dominante, se acerca a Jesús por la noche atraído por los signos que realiza. Se aproxima de noche, probablemente para que no vean los judíos su simpatía por el Nazareno.

El evangelista Juan habla de la noche porque quiere expresar como la fe de Nicodemo es demasiado pobre. Posee una fe pobre, con miedos, con resistencias. Es un hombre inquieto, busca, pero con las resistencias propias de quien se sabe en la doctrina de los maestros. Como los hombres en la noche se mueve a tientas; conoce el camino hasta un determinado punto; pero no sabe qué hay más allá ni cómo llegar, necesita un guía que le lleve de la mano, quitándole los miedos a lo desconocidos.

¿Cuáles son los miedos que tú vas teniendo en ese proceso de búsqueda del Señor?

Se ha dicho que “todos necesitamos seguridad, sin embargo, para estar plenamente vivos necesitamos también correr riesgos”, como lo hizo Nicodemo, exponiéndose a ir donde estaba Jesús, aunque lo hizo por la noche.

 El exceso de seguridad nos ahoga, mientras que la excesiva inseguridad nos produce miedo, angustia” (j. Vanier). Piensa un poco en esto... y mídete la temperatura de seguridad o riesgo que vives, quieres vivir, estar dispuesto a vivir.... Abrirse a lo nuevo siempre supone un riego.

Dios viene a sacarnos de las seguridades, de cómo ya tenemos planteadas y estructuradas nuestras vidas. Pero nosotros estamos aferrados a cosas, a costumbres, a instituciones. Nos cuesta dar un paso hay el “vacio”, aguantarlo y no huir. Pero Dios quiere que nos descentremos de nosotros mismos, de la búsqueda de nuestros proyectos, de nuestros miedos, para poder centrarnos en Dios, en su proyecto, en su Reino.

Nicodemo se acerca a Jesús porque ha visto lo que está haciendo Jesús, cómo actúa de cara al mundo de los pequeños, los pobres, los enfermos, reconoce la autoridad de Jesús gracias a sus obras (Jn 3,2), pero el Maestro quiere llevarle al campo de la fe. Jesús no quiere una adhesión apoyada en los signos sino una aceptación de su Persona y su Palabra.

Y en el diálogo con Jesús se encontrará con un planteamiento que no va a llegar a entender, él no entiende la contestación que le da Jesús y por eso pregunta: “¿Cómo es posible que un hombre vuelva a nacer siendo viejo?” (Jn 3,4). Jesús insiste de nuevo: el único modo de entrar en el reino de Dios es nacer de nuevo, aceptar la novedad del Evangelio (Jn 3, 4-5).

 Renacer del agua y del Espíritu (Jn 3,5) conecta con las imágenes proféticas de Ezequiel:

“Os rociare con agua pura y os purificaré de todas vuestras impurezas e idolatrías. Os daré un corazón nuevo y  os infundiré un espíritu nuevo; os arrancaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” (Ez 36, 25-26)

 Se trata de volver a nacer, no se trata de un rito mágico, se trata de renacer según el Espíritu, de renacer al amor, a la justicia, a la misericordia, al perdón, a la acogida de la Palabra de Dios. Nacer conlleva independizarse de un pasado, comenzar una experiencia nueva. Ya no se trata de limitarse a cumplir determinadas normas, es marcar una orientación nueva a tu vida, querer vivir desde Jesús y para su Reino.

Invitados a “nacer”... a dejar “el hombre viejo y renacer al hombre nuevo”... ¿No tenemos esos deseos de volver a empezar, liberarnos de los valores, los hábitos, los modos de pensar de nuestra sociedad que nos impiden alcanzar una vida auténtica, plena feliz.... a nosotros y a otros muchos?

1.- Nuestras resistencias para poder nacer.

Pero “¿cómo es posible que un hombre vuelva a nacer siendo viejo?” (Jn 3,4). Parece una bonita utopía, pero imposible de realizar. Y Jesús viene a llamarnos para generar en nosotros una nueva vida, hacer que surjan nuevas inquietudes, nuevos sueños, los de su Padre. Pero es necesario desandar el camino, volver al seno materno y nacer de nuevo.

Vemos que nuestros miedos se apoderan de nosotros. Comienzan nuestras resistencias. Cada cual ha de ver cuáles son sus resistencias para poder comenzar este proceso que nos lleve a renacer de nuevo:

1. quisiera “renacer”... pero me siento ... como sin fuerzas, no confío en que sea posible....o quizás me resisto pues no sé, no me fío.... de a dónde me conducirá... prefiero “mi seguridad”, los ajos de Egipto antes que la libertad, lo malo conocido que lo bueno por no conocer... ¿Acaso es necesario ser diferente, cambiar?, ¿qué conseguiré a la hora de cambiar, de marcar otro rumbo a mi vida?, ¿no es más fácil permanecer viviendo como ahora?

2. La “noche eclesial”... en contexto difícil... ¿vale la pena renacer para adentrarme en una comunidad eclesial sin prestigio, sin relevancia en el mundo actual?, ¿quién puede fiarse hoy de la comunidad eclesial con tantas contradicciones?, ¿qué puedo ofrecerme la comunidad eclesial que no posea?

3. ¿Y la “noche social”? Cuántos son los que hablan de imposibilidades de cambiar de dirección... o de estructuras... se habla de “mejorar nuestra renta, subir en el ranking, obtener prestigio e influencia”…, pero no de cambiar el mundo. ¿Me permitirá el evangelio conseguir un mayor prestigio social?, ¿no me considerarán como un trasnochado, un conservador pasado de moda?, ¿quién va a poder cambiar este mundo?

Miremos cuáles son nuestros miedos y las resistencias personales, eclesiales y sociales con las que nos encontramos al tener que afrontar un cambio.

- ¿Cuáles son las resistencias personales, eclesiales, sociales, que en nuestra vida están impidiendo que nos arriesguemos a ir donde Jesús, y a renacer de nuevo?.

- ¿Qué situaciones de la vida me llevan a quedarme dormido, a cerrar los ojos, a no querer salir en medio de la noche?

- ¿Qué o quiénes tapan mis ojos? Ídolos, triunfo, protagonismo…

- ¿Qué me despista en la vida y me impide percibir el paso de Jesús que viene a mi encuentro?

(Escribimos cuáles son las resistencias con las que nos vamos encontrando al querer renacer de nuevo)

Todos:

Señor, rompe mis resistencias y miedos,
haz que me ponga en camino,
que pueda fiarme de ti, de tu Palabra.
Rompe mis inseguridades, mis ataduras,
crea en mí deseos nuevos.
Despiértame, sácame de la noche,
haz que me acerque y  busque tu luz.
Abre mis ojos, mis sentidos, mi corazón a tu persona,
acógeme y lléname con tu Palabra.

Animador:

Pero no olvidemos, que Nicodemo ya ha dado un gran paso en su noche; vino a Jesús porque había aprendido algo que sus compañeros no querían ver: que las “señales” que hacía aquel personaje de Nazaret le acreditaban como maestro venido de Dios. Hay que ir a Jesús aunque sea de noche, aunque dudemos, tengamos miedo, o pensemos que es imposible comenzar un nuevo itinerario en la vida.

Y cuando se encuentra allí, Jesús empuja a Nicodemo por nuevos caminos, poniéndole frente a su problema: necesita otro saber, otro enfoque, otra luz, otra manera de situarse en la vida. Es necesario vivir  un “nuevo Nacimiento”.

Nicodemo viene seguro de sí mismo, viene a debatir; se propone discutir de maestro a maestro. Quiere ver si aquello que está planteando este maestro vale la pena, si tiene sentido, quiere valorar y examinar el pensamiento y la obra de Jesús. Pero será Jesús quien le va a decir que aquí no valen muchas discusiones, muchos razonamientos, hay que abrirse al Espíritu, hay que dar un salto en la confianza, en el abandono. No se puede tener una fe adulta sin  la experiencia del abandono, hay que dar el salto, debe dejarse engendrar por Dios.
 

2.- Pedimos el don del Espíritu.

Este nuevo nacimiento no puede realizarse sin la gracia del Espíritu, no podemos cambiar apoyándonos únicamente en nuestras fuerzas. Ya no se trata de hacer méritos, sino de acoger la gracia que viene del Espíritu, que es la que destruirá todo cuanto hay de viejo en mí, y posibilitará una vida nueva. Y Jesús está  diciéndole todo esto con inmensa ternura, haciendo que Nicodemo se sintiera amado, porque él viene a amar lo no amable, y quiere que sea su Espíritu quien venga sobre la vida de Nicodemo. Él nunca se atribuye a sí mismo ese poder sanador y generador de vida, lo recibe de Otro, y va a ser al final cuando lo dé a conocer: “pediré al Padre que os envíe otro Valedor que esté con vosotros siempre” (Jn 14, 16). El nombre que Jesús le da es el de Paráclito, en griego: el que mira por nosotros, el que defiende, el que auxilia, el que infunde ánimo, el que alienta; el que otorga valor y da confianza. El que nos susurra al oído, “no te rindas, aún estás a tiempo”. Pidamos que venga el Espíritu sobre nosotros:

Todos:

Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, Don, en tus dones espléndido.
Luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo.

Ven, Dulce Huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, Divina Luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado, si no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo.
Lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Recrea nuestro corazón,
Espíritu del Dios de la Vida:
danos un corazón
que salte de alegría,
que sepa compartir,
que no acumule “cosas”
sino que se llene de personas.

Que goce con quienes gozan,
que sufra con quienes sufren,
que sea libre para liberar,
que su absoluto sea Dios,
Padre-Madre,
que considere relativo todo lo demás.

Danos un corazón
que sepa acoger la diferencia sin asustarse,
que viva la no-violencia,
que defienda la justicia, la vida, la paz,
que tenga entrañas de misericordia,
que sea paciente, que viva la fiesta,
que disfrute de la naturaleza.

Un corazón que hable lenguaje de ternura,
que mire al interior de las personas,
que no se deje arrastrar por las apariencias,
que escuche a las personas
y cuide el trato con ellas.

Que logre curar sus propias heridas,
que se eduque en la responsabilidad,
que su tacto le haga descubrir
y valorar el esfuerzo de las demás.
Que sepa trabajar en grupo.

Ablanda nuestras rigideces
y modela nuestro corazón,
Espíritu del Dios-Alfarero.
Recupera nuestra vida,
ocúpala transfórmala,
llénala de tus dones.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.
por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

Animador:

Necesitamos la presencia del Espíritu para que sea Él quien nos haga renacer a la vida del Reino. Que sea él quien nos diga “no te rindas, aún estás a tiempo”. Fue el Espíritu quien en los inicios de la creación del caos hizo surgir la armonía, la vida, fue el Espíritu quien en Pentecostés rompió los miedos de aquellos discípulos, y arriesgaron sus vidas. No te rindas, estás a tiempo.

No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros,
y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.

 Abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos
desplegar las alas
e intentar de nuevo,
celebrar la vida
y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.

En muchas situaciones de nuestra vida necesitamos oír esa voz cuando no sabemos cómo aceptar las sombras y las voces del miedo que se van agrandando dentro de nosotros. Creo que al principio de la vida uno piensa que hay cosas que van a cambiar, que aquello que más nos molesta en nosotros podremos quitarlo con esfuerzo, con voluntad. Tapar lo que afea nuestra persona, esconder la cizaña, acallar los impulsos agresivos, como si una pudiera modelar su presencia, como hacen con el cuerpo, a golpe de bisturí, cortar y succionar aquello que sobra. También en la historia querríamos actuar de la misma manera. Pero no va por ahí la tarea del Espíritu. A él le gusta reunir, integrar, conciliar. Llevarnos a un lugar interior, a un centro de calma, donde todo tiene su lugar, donde todo encuentra su sitio.

Cuando el Espíritu está sobre un rostro, entonces el lobo y el cordero que habitan en tu interior pueden estar increíblemente juntos y pacificados (Is 1, 6). Sin dejar de ser lo que son, pueden convivir y acogerse en su diferencia. El uno contiene al otro, porque ambos forman parte de nuestro tejido humano, y de su misterio. Dice el evangelio de Marcos que Jesús en el desierto convivía con las fieras (Mc 1, 11), con aquello a lo que uno tiene miedo porque sentimos como amenaza, con aquello de lo que nos alejamos y nos defendemos. El mismo Espíritu le había impulsado al desierto para enfrentar sus fieras interiores y para aprender a hacerse amigo de toda la realidad, incluyendo sus dimensiones más oscuras.

- ¿Cuáles son las fieras interiores con las que has de convivir hoy? ¿A qué deseas nacer aunque las fieras vivan dentro de ti?

(Tiempo para el silencio)

La tarea del Espíritu no es ayudarnos a “librarnos” de aquello que sentimos hace opaca la existencia y nos atemoriza, sino que su acción nos lleva, suavemente, a tomarlo, a dejarlo ser, a abrazarlo. Su trabajo de transformación nos enseña a hacer amistad con zonas de nuestra vida, de la realidad, de los otros, de las que nos habíamos distanciando, de las que nos sentíamos separados. Nos lleva a descalzarnos porque ya no tenemos miedo de que la tierra que pisamos dañe nuestros pies. De pronto, sentimos liberado el lastre que fuimos arrastrando durante tanto tiempo y, por unos instantes, nos atrevemos a vivir en el Viento.

Todos:

Quiero vivir, sentirme vivo, palpar las energías de la creación.
Deseo arriesgarme y vivir la vida.
En mis pensamientos y en mis sentimientos,
en mis conversaciones y en mis encuentros.
Quiero que la centella de la vida encienda todo lo que hago y todo lo que soy.
Que mi paso se acelere,
que mi pensamiento se agudice,
que mi mirada se alargue y mi sonrisa se ilumine
cuando la vida amanezca en mi. Quiero vivir.

Yo quiero vivir, y tú eres la fuente de la vida.
Cuanto más me acerque a ti, más vida tendré.
La única vida verdadera es la que viene de ti,
y la única forma de participar en ella es estar cerca de ti.
Déjame beber de esa fuente,
déjame meter las manos en sus aguas para sentir su frescura,
su pureza y su fuerza.
Cámbiame, límpiame, renuévame.
Que las aguas vivas de ese manantial fluyan a través de mi ser
y su corriente inunde el pozo de mi corazón, de otros corazones.

Voy a ti de noche, porque tú eres la luz.
En un mundo de oscuridad, de duda y de incertidumbre,
tú eres el rayo rectilíneo, el cándido amanecer, el mediodía que todo lo revela.
Si para vivir hay que acercarse a ti, para ver también.
“En tu luz vemos la luz”.
Señor, quiero tu luz, tu visión, tu punto de vista.
Quiero ver las cosas como tú las ves,
quiero verlas desde tu punto de vista, desde tu horizonte, desde tu ángulo;
quiero ver así a las personas y los acontecimientos
y la historia de la humanidad y los sucesos de mi vida.
Quiero verlo todo con tu luz.

Dame un corazón nuevo,
infúndeme un espíritu nuevo;
arráncame  el corazón de piedra y
dame un corazón de carne

3.- Acercamiento al Agua de la Vida

Animador:

No te rindas. Plantéate a qué quieres vivir, cuáles son los deseos más íntimos que albergas en tu corazón. Abre las puertas, destapa el cielo y comienza a nacer del agua y del espíritu... Acoge el agua del Espíritu, recuerda tu Bautismo... Acoge el agua que simboliza la nueva vida, la nueva creación.

Lectura de Ezequiel  47,8-12
 
“¿Has visto, hijo del hombre? Me llevó, y luego me hizo volver a la orilla del torrente. Y al volver vi que a la orilla del torrente había gran cantidad de árboles, a ambos lados. Me dijo: “Esa agua va hacia la región oriental, baja a la Arabá (el valle inferior del Jordán), desemboca en el mar, en el agua hedionda y el agua queda saneada. Por dondequiera que pase el torrente, todo ser viviente que en él se mueva vivirá. Los peces serán abundantes, porque allí donde penetra el agua lo sanea todo, y la vida prospera en todas partes adonde llega el torrente… A orillas del torrente, a una y otra margen, crecerán toda clase de árboles, cuyo follaje no se marchitará y cuyos frutos no se agotarán: producirán todos los meses frutos nuevos, porque esta agua vive del santuario. Y sus frutos servirán de alimento, y sus hojas de medicina”

 (Ponemos un baño con agua en el centro de la sala)

 Ahí tenemos el agua, que simboliza el agua del Espíritu, que viene a ofrecernos la nueva vida de Jesús, viene  a curarnos, a hacer que nuestra vida sea fructífera, viene a crearnos y modelarnos de nuevo. Dejemos que su agua de vida nos desarme, rompa nuestras resistencias y miedos, nos haga fuerte en nuestra debilidad y nos haga madurar recuperando la inocencia perdida.

 Antes de acercarte a ella, piensa ¿para qué quieres esta agua?, ¿qué deseas que brote en tu vida?, ¿qué quieres que se te sane?
Jesús viene a ofrecerte el agua viva:

- El agua que te limpia y purifica, cura tus heridas y te sana.
- El agua que te alimenta, te sostiene en tu debilidad, te fortalece en tus cansancios.
- El agua que te devuelve la confianza, te quita los miedos, te madura y te hace crecer.
- El agua que te oxigena, te da vida, te alegra y te recrea por dentro.
- El agua que te libera, te impulsa a la misión, te hace vivir en el riesgo.
- El agua que te apasiona, te entusiasma con Jesús y su Reino.
- El agua que te hace vivir en comunión con otros, rompe tus individualismos.
- El agua que te hace más tierno, más vulnerable, más humilde.
- El agua que te hace más apóstol, más misionero, más comprometido.
- El agua que te da armonía, paz, reconciliación contigo mismo.
- El agua que te hacer ver la vida con otros ojos, con otra mirada de amor.
- El agua que te hace caminar, apoyarte en otros, compartir con otros.
- El agua que te da un corazón nuevo.

(En silencio vamos pasando tocando el agua, y pidiendo el agua de la vida: Límpiame Dame Vida.)

Canto.

EL AGUA DEL SEÑOR SANÓ MI ENFERMEDAD,
EL AGUA DEL SEÑOR JESUS.
EL AGUA DEL SEÑOR SANO MI ENFERMEDAD,
EL AGUA DEL SEÑOR JESUS.

El que quiera y tenga sed,
que venga y beba gratis.

El que quiera y tenga sed,
beba el agua de la vida.

El que beba de esta agua,
jamás tendrá sed.

El que beba de esta agua
jamás tendrá sed.

Sobre tí derramaré el agua
que es mi vida.

Y tu corazón de piedra
en amor transformaré.
 
El que crea en mi palabra
y se abra a mi fuerza,
de su seno brotarán
torrentes de agua viva.


Lectura de  Jn 4, 13-14: 

“El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le de se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna”

 (Minutos de oración  en el silencio)

Miramos al símbolo:

Agua…, sed; agua…, sed; agua…, sed…. ¿Qué clase de sed tengo? “mi sed y mi agua”…, “mi sed y mi agua”… ¡Y cada vez más sed…! Ese vaso  “a medio llenar”…; y ese otro “totalmente vacío”… y el de más allá… “¡vuelto boca abajo!”… mi vaso, ¿cómo está?; tengo  siquiera conciencia de ser un baso a llenar? “si conocieras el don de Dios…”; “si conocieras quién es el que te dice: dame de beber…”; “dame agua de ésa…”; “de ésa…”

Todos:

Quiero ser como el agua, que sirve gozosa a los hijos de Dios.
Quiero ser como el agua que calma la sed del sediento,
sin fijarse si es hombre de ciencia, de poca cultura,
de blanco o de negro color.
Quiero ser como el agua, que es de todos y todos la poseen,
la beben, la gustan, la utilizan; a todos refresca,
los limpia y fecunda.
Quiero ser como el agua que canta sonora sus silbos brillantes
y desliza sus hilos por peñas y arroyos,
llevando la vida, el frescor y la alegre canción.
Eso ha de ser mi vida: agua.
Agua que limpia los cuerpos
y lustra las almas con luz bautismal.
Y agua que fecunda y da vida,
la vida de gracia que el buen Dios nos da.

4.- Los frutos del Agua de la Vida.

Animador:

 Es el Señor quien viene a ofrecerte como a Nicodemo la vida eterna, la vida cargada de sentido, de felicidad, de amor, de entrega, de pasión por el otro. Agradece la vida que bulle en ti, percibe la bondad que Dios está poniendo en tu corazón, deja que su amor brote en tus actitudes, en tus sentimientos, en tus inquietudes por vivir para los otros. Agradece el cambio que el Señor está suscitando en tu vida, todo cuanto él va generando dentro de ti. Percibe cómo Él te está habitando, está surgiendo en ti una persona nueva, hay brotes verdes en tu persona. Muchas cosas salen desde “tu interior” como sin quererlo y sin darte cuenta, son cosas que van “a contra corrientes”, “que no se llevan”… son cosas de Dios… es su vida en ti. Percibe la alegría que ello provoca en medio de la dificultades.

 Mira las alegrías que vas sintiendo, los intereses y las preocupaciones nuevas que vas teniendo. Siéntete alegre y feliz, es Dios quien está haciendo que crezca lo bueno que hay en ti, que nazca y despierte cuanto estaba muerto y dormido.

 Pongamos ahora en común cuáles son los nuevos intereses, las nuevas preocupaciones, las nuevas actitudes que van surgiendo en tu vida.

 (Tiempo para compartir)

 Damos ahora las gracias a Dios por tanto amor... por traer luz a mi vida... por traer salvación...  Miro al que traspasaron, al que “fue levantado”: la cruz como trono.

 (Se enciende la luz del Cristo crucificado)

Escuchemos lo que nos dice el Crucificado:

¿Me necesitas? Estoy aquí contigo. No puedes verme,
sin embargo soy la luz que te permite ver.
No puedes oírme, sin embargo hablo a través de tu voz.
No puedes sentirme, sin embargo soy el poder que trabaja en tus manos.
Estoy trabajando en ti, aunque desconozcas mis senderos.
Estoy trabajando, aunque no reconozcas mis obras.
No soy una visión extraña.
No soy un misterio extraño.
Sólo en el silencio absoluto, más allá del "yo" que aparentas ser,
puedes conocerme.
Sin embargo, estoy aquí contigo. Sin embargo, te oigo,
te contesto. Cuando me necesitas, estoy contigo.
Aunque me niegues, estoy contigo.
En los momentos en que más solo crees encontrarte, Yo estoy contigo.
Aún en tus temores, estoy contigo. Aún en tu dolor, estoy contigo.
Soy el agua que te da vida, te limpia, te hace renacer..
Soy tu seguridad. Soy uno contigo. Yo Soy. Aunque falles en encontrarme.
Yo nunca dejo de encontrarte. Aunque tu fe en Mí es insegura,
Mi fe en ti nunca flaquea. Porque te conozco, porque te amo, estoy contigo.

Alaba al Señor por el agua que está brotando de su corazón y que va generando vida al ir pasando por tu ser, da gracias por lo nuevo que va emergiendo en la sociedad, en la Iglesia, en mi pequeña comunidad.... percibo en ello la acción del Espíritu que sigue soplando aunque parece que corren malos tiempos... Son obras de la luz que vienen del Señor.

(Escribimos aquellas buenas actitudes, gestos, deseos, acciones, que ya vemos brotar en nosotros)

Todos:

No sé cómo será la nueva tierra
y vivo en ese empeño.

No sé cómo serán los cielos nuevos,
y con esa esperanza me desvivo.

Pero una cosa sé y eso me basta...
que creo en ti., Señor y Padre nuestro,
mi roca, mi vida , mi esperanza.

Me basta tu Palabra, Arquitecto del mundo.
Me basta tu Promesa, Inventor de la vida,
Ingeniero de todos nuestros sueños.

Me bastas tú, Señor y Padre nuestro,
para vivir despierto en la tarea de renovar la tierra,
cerrar los ojos cuando llegue el día
y despertar gozosamente sorprendido en el cielo
sorpresa de un amor sorprendente y desmedido,
como el que Tú nos tienes, Señor y Padre nuestro

5.- Enviados para ofrecer esa agua y esa luz en el mundo.

Animador:

 Y al ver cómo soy transformado, cómo el agua del Espíritu me renueva, y me siento limpio y reconfortado, experimento la llamada a amar lo no amable, a amar a mis hermanos, a amar el mundo, a ser luz ofreciendo la luz que he recibido.

Pidamos por aquellos hermanos que se encuentran en la noche, para que puedan inicia un proceso de búsqueda y encuentro con el Señor.

 (Tiempo para orar e interceder por los hermanos)

 Terminemos esta oración bendiciendo al Señor por tantas personas que hoy están en los caminos de la humanidad, construyendo el Reino de Dios, iluminando las vidas de otros, y siendo puentes en el encuentro con el Señor Jesús.

- Te bendigo, Señor, porque aún existen hombres y mujeres que eligen ser pobres según el evangelio para ser felices. No queremos las pobrezas que humillan, que producen hambre y marginación. Queremos la pobreza que libera del consumismo, de la pobreza provocadora, del sexo, de la moda.
Te bendigo Padre, por (nombre de la/s persona/s o colectivos)... que vive/n en pobreza y nos enseña/n....
- Te bendigo, Señor, porque hay hombres y mujeres que no se avergüenzan de sus lágrimas; que son grito de denuncia de estructuras y sistemas, generadoras de dolor y de opresión. Son felices, porque su llanto y su grito desgarrado son consuelo para los que sufren en silencio.
Te bendigo, Señor por (nombre de la/s persona/s o colectivos)... que con sus vidas y sus palabras están denunciando...
- Te bendigo, Señor, porque hay personas insatisfechas por las cuotas de justicia ya logradas. Quieren menos distancia entre ricos y pobres, mejor reparto del dinero, de cultura, de salud, de la riqueza disponible. Son felices, porque es grande su hambre y sed de justicia.
Te bendigo, Señor, por (nombre de la/s persona/s o colectivos)... que siempre están inquietos con la injusticia y nos interpela con...
- Te bendigo, Señor, porque aun quedan personas de corazón sensible, que sienten como propios el dolor, la miseria, el hambre de los demás; que pasan del lamento inútil a la búsqueda de soluciones. Son felices vendando las heridas de hombres y mujeres rotos por la vida.
Te bendigo, Señor, por (nombre de la/s persona/s o colectivos)... que está atento a los demás, que se preocupa de los otros, porque siempre...
- Te bendigo, Señor, porque hay hombres y mujeres con alma de niño, con corazones de niño, con candor de niño, sencillos, transparentes, como lagos de inocencias no turbadas, en medio de un mundo de mentira, donde manda la trampa y el engaño. Son dichosos, porque la verdad querida y deseada es fuente inagotable de felicidad.
Te bendigo, Señor, por (nombre de la/s persona/s o colectivos)... que es sencillo, transparente...
- Te bendigo, Señor, porque hay hombres y mujeres que creen en la paz, que trabajan por la paz, que están comprometidos con la paz hasta los tuétanos. Se sienten felices de que nadie empuñe las pistolas, de que dejen de fabricar armas para matar.
Te bendigo, Señor, porque (nombre de la/s persona/s o colectivos)... es una persona de paz, instrumento de unidad, de...
- Te bendigo, Señor, porque existen personas con aguante, capaces de afrontar la persecución y la calumnia. Hombres y mujeres que sigue apostado por la justicia, enganchados al tirón del evangelio, cuando muchos vuelven la espalda y enrojecen de vergüenza. Seguirán siendo felices a pesar de la persecución, el acoso, la mentira.
Te bendigo, Señor, por (nombre de la/s persona/s o colectivos)... que es una persona de aguante...
(Se les entrega una vela encendida a cada uno)
Animador:
 El texto del evangelio de Juan nos dice: quién procede lealmente se acerca a la luz para que se manifieste que procede movido por Dios. Ahora, después de haber acogido la Palabra de Dios y estar dispuestos a nacer de nuevo, vamos a decirle al Señor que queremos ir por nuestros ambientes confesando nuestra fe, testimoniando que el Señor es la fuente de nuestra vida, de nuestra felicidad.
 Cada uno va a pensar en silencio a quien en concreto durante este tiempo de cuaresma quiere llevarle esa luz. Después comienza a orar por él.

Terminemos ese retiro con esta oración

Todos:

Jesús, cuenta con nosotros
para devolver la luz donde hay oscuridad.
Cuenta con nosotros
para construir entre todos
la civilización del amor,
sobre todo allí donde hay egoísmo,
tristeza y angustia.
Cuenta con nosotros
para luchar por la paz en medio de un mundo
donde muchas veces la solución
sólo se busca en el recurso a la fuerza.
Jesús, cuenta con nosotros
para que tu Palabra llegue al último rincón de la tierra.
Cuenta con nosotros
para sembrar la semilla de tu evangelio,
semilla que produce frutos de fraternidad y amor.