17 ORACIÓN AL TERMINAR EL CURSO
Escrito por Administrador Domingo, 07 de Febrero de 2010 02:02
Después de un largo curso, llegamos al final del mismo. El Señor nos ha ido acompañando en él, ha ido alentando nuestro corazón, nos ha ido llamando para caminar por sus senderos, nos ha perdonado y nos ha enviado su Espíritu para que nos convirtamos en sus testigos en nuestros propios ambientes.
En estos meses hemos vivido intensos momentos de encuentros con el Señor, tiempos de escucha, de alabanza, de petición y de contemplación. Dios nos ha ido hablando. Hemos pasado por circunstancias diferentes. En ocasiones, hemos estado despistados, desganados, desorientados. Pero siempre, aunque haya tardado, ha surgido una pequeña luz, una palabra viva que nos alentaba y nos hacía mirar hacia delante.
1.- El pasado ya pasó.-
Hemos comprobado que la vida es vida, es bella, pero nosotros la complicamos todos los días, no nos damos cuenta que debemos cerrar capítulos y ver hacia adelante. Por eso, ahora, lo importante es poder dejar ir momentos de la vida que se van clausurando. ¿Terminó tu trabajo? ¿Se acabó la relación? ¿No hiciste cuanto querías? ¿Has roto con alguien? ¿No fuiste la persona buena que deseabas? Puedes pasar mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste va a ser infinito porque en la vida, tú, tus amigos, tus hijos, tus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos. A pasar la hoja. A terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir para adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, hecho está. Y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡No, los hechos pasan y hay que dejarlos ir!. Quizás, con un corazón sencillo, limítate a pedir perdón, a reconocer que aún te queda mucho por andar y por convertirte. Pero cierra esta parte de tu libro.
Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir solo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No esperes que te devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de "quién eres". No, suelta. Con el resentimiento, al encender "tu televisor" personal para darte y darle al asunto, lo único que consigues es dañarte mentalmente, envenenarte, amargarte. La vida va hacia adelante, nunca para atrás. Porque si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de "regresar" (¿a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron. ¡Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo!
Si no, déjalo ir, cierra capítulos, y deja el pasado en las manos misericordiosas del Padre. Convéncete, que no vuelve. Pero no por orgullo ni por soberbia sino porque tú ya no encajas allí: en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio, ya no eres el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a qué volver.
Cierra la puerta, pasa la hoja, cierra el círculo. Ni tu serás el mismo ni el entorno al que regreses será igual porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, despréndete de lo que ya no está en tu vida. Recuerda que nada ni nadie es indispensable, ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, porque cuando llegaste a este mundo lo hiciste sin ese adhesivo, por lo tanto es costumbre vivir pegado a él y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, te repito, nada ni nadie nos es indispensable. Solo es costumbre, apego, necesidad. Pero, cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacude, suelta.
Recuerda aquello que decía Jesús: “Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?” (Mt 6,27)
¿Qué hacer entonces al finalizar un curso?
2.- Da gracias
Da gracias, por la vida misma, aunque la tuya no sea la más perfecta, Dios te la dio y el tenerla es un milagro. Aprende a valorarla para hacerla llevadera.
Valora ahora todo lo que el Señor te ha ido dando en este curso. Seguro que Dios ha sabido darte muchos regalos. ¿Por qué no haces un recuento de todos esos regalos?
Y si la vida ha sido el mejor regalo, da ahora gracias por el aire que respiras, es tan natural y vital y ni cuenta te das que sin él con seguridad no vivirías. Da gracias por cada respiro que des y recuerda y ten presente que Dios lo creó pensando en ti. Da gracias por la luz del sol: es la que te permite que veamos el día en esplendor, la que da vida a la hermosura de la creación, y da calor a los seres vivos de la tierra. Da gracias por la noche, Dios la hizo para darnos descanso, para que la tierra repose del afán del día, y es cuando realmente puedes relajarte y meditar, para poder reponer fuerzas para seguir adelante. Da gracias por el agua que cae del cielo, Dios la envía para hacer de nuestro suelo uno fértil y productivo y es la misma agua que al estar sedientos, calma nuestra sed.
Da gracias por las pruebas que en este curso han llegado a tu vida, no te lamentes cuando estas llegan, mas bien tómalas de un modo positivo. Las pruebas purifican tu espíritu y te hacen más fuerte para enfrentarte a la vida. Recuerda en qué te han ayudado, qué purificaron en tu vida, qué pobreza y debilidad has tenido que palpar y tocar.
Da gracias por los besos y los abrazos que has recibido. Un ABRAZO es el festejo del encuentro, el consuelo del dolor, la alegría de tener a la persona que aprecias... Un ABRAZO pone al descubierto nuestros sentimientos, nuestros miedos, nuestra necesidad de contención... Un ABRAZO nos acerca corazón con corazón, nos deja sentir la intensidad de nuestros latidos, el calor de nuestros cuerpos... Un ABRAZO es entregarse al otro, y dejar que el otro también se entregue... Es resguardo... es protección...
Da gracias por todo lo que eres, no te quejes de que no siempre eres como quieres, Dios permite todo lo que llega a tu vida, pero lo permite porque tiene su razón de ser. Nada pasa solo porque sí, al final verás y entenderás la razón. Da gracias a Dios por todo, por las cosas grandes y aun por pequeñeces. Él muy agradecido nos recompensará.
Da siempre gracias... Sentirás alivio y paz si las das de corazón.
Bendice al Señor: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a pequeños. Si, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito” (Mt 11,25)
3.- Mañana será un nuevo día
A veces no nos sentimos como quisiéramos sentirnos. A veces no hemos logrado lo que quisiéramos lograr. A veces las cosas que suceden no tienen sentido. A veces la vida nos lleva por caminos que están fuera de nuestro control. En esos momentos, sobre todo, es cuando necesitamos a alguien que nos entienda en silencio y esté presente con su apoyo.
Quiero que sepas que Dios está siempre a tu lado en todo, y que recuerdes que, aunque las cosas pueden ser difíciles hoy, mañana será un nuevo día. Y en ese nuevo día verás lo que hoy no has conseguido ver: “Se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa, se trocará la tierra abrasada en estanque, y el paraíso en manantial de aguas. En la guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro… Los redimidos de Yahvé volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós penas y suspiros” (Is 35, 5-10).
Mira el mañana con esperanza. Lo que en este curso no conseguiste, en el próximo año se convertirá en una nueva oportunidad. Y recuerda que Dios sigue vivo. Jesús ha resucitado y hará que lo imposible se haga posible en tu vida.
4.-Disfruta y vive el presente como Jesús desea
Vivir es vibrar cada instante, ante la emoción de percibir la maravilla de la creación que nos rodea. Vivir es entender que cada minuto que transcurre no volverá, es atraparlo, porque forma parte del tiempo que sabemos que ha quedado en el ayer. Vivir es saber dar lo mejor de nosotros, es vibrar en la bondad y llevar a su máxima expresión nuestra capacidad de ser.
Vivir es gozar los momentos bellos y desafiarse a sí mismo ante las adversidades. Vivir es aprender mas cada día, es evolucionar y cambiar, para hacer de nosotros un ser mejor que ayer, un ser que justifica su existir.
Vivir es amar intensamente a través de una caricia, es escuchar en silencio la palabra del ser amado, es perdonar sin replica una ofensa, es aspirar la presencia del otro, es besar con pasión a quien nos ama.
Vivir, es contemplar apaciblemente la alegría de un niño, escuchar al adolescente aceptando sus inquietudes sin protestar, acompañar con gratitud la ancianidad en su soledad. Vivir, es comprender al amigo ante la adversidad y aunque se tengan mil argumentos para contradecirlo o justificarlo, finalmente solo escucharlo, es tener la capacidad de regocijarme ante sus triunfos y realización. Vivir es sentir que nuestro existir no fue vano y en la medida, en que nos atrevamos a dar lo mejor de nosotros en cada momento, lograremos manifestar la grandeza de nuestra alma para amar.
Vivir es vibrar y sentir, es amar y gozar, es observar y superar, es dar y aceptar.
Vivir es experimentar a Dios en todo cuanto existe, gozar con Él, ponerse a su escucha, dejar que Él te siga modelando, besarle, escucharle y hacer que su vida se haga vida en ti y en todo cuanto nos rodea.
Vivir es sentirse amado por Dios y dejar que su amor te llene, te encandile, te renueve. Vivir es dejar que ese amor de Dios lo hagas vida en ti, ames a los otros con locura, y te entregues con gratuidad y cariño a los demás.
Vivir es sentirte inquieto ante todo cuanto hay de muerte en el mundo, y sembrar las semillas de vida en medio del fango. Vivir es vivir siendo feliz con el programa de vida de las bienaventuranzas.
ORACIÓN PERSONAL
Al finalizar este curso, dejamos que en nuestro corazón brote la confianza. Por eso, cada mañana vamos a iniciarla sin temor a nada de cuanto pueda surgir en el día que vamos a vivir:
“Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?” (Tom 8,31)
1.- La primera oración va a ser de acción de gracias. Miremos todo cuanto el Señor nos ha regalado en este curso, todo cuanto ha puesto de amor, de oportunidades y de pruebas. Haz una lista de los regalos que el Señor te ha hecho.
¿Qué regalos me ha ido ofreciendo? ¿Qué me estaba comunicando con esos regalos?
Gracias, Señor: por haber llegado al final de este curso creyendo, confiando y amándote. Fueron muchas veces las que animaste mi fe, las que corriste a mi encuentro… Siempre sentí el calor de tu mano, aún en plena oscuridad.
Gracias, también, por esa otra fe que he conservado. Gracias por las ayudas, la compañía y la alegría que me han brindado las personas…. En especial quiero recordar a….
Gracias por tantos ojos como me miraron con ternura… Gracias por tantas manos como se adelantaron a estrechar la mía… Gracias por tantos labios cuyas palabras y sonrisas me alentaron… Gracias por tantos oídos que me escucharon…
Gracias, Señor, por tanto como he recibido, que no fueron méritos míos, sino dones tuyos... Gracias por el mérito que me estimuló, por la salud que me sostuvo, por el trabajo que desempeñé, y por el descanso de que disfruté…
Gracias por aquel fracaso y aquella desilusión. De ellos aprendí que…
Perdón, Señor: por la palabra que callé, por esa mano que no tendí, por la sonrisa que escatimé, por el saludo que negué, por la mirada que desvié, por la disculpa que no pedí, por esos oídos que no presté, por ese gozo que no compartí, por tanta lágrima que no enjugué, por esa verdad que omití. Por tantas veces, Señor, como me marché de Ti o como no te abrí.
Termina esta oración rezando el Salmo 40, que es un salmo de acción de gracias, y al mismo tiempo de petición de auxilio. ¡Cuántas maravillas has hecho, Yahvé Dios mío…!
2.- Mira el curso pasado y trata de descubrir cómo el Señor se te ha revelado.
Busca un lugar donde te encuentres bien. Y ahora haz un recorrido por el curso.
- Comencemos por el tiempo de adviento.
En él se nos decía: “Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino” (Mc 1, 2). Seguro, que durante el curso te ha ido enviando muchos mensajeros. Delante del Señor procura recordar quiénes han sido esos mensajeros, y qué mensajes te han traído en nombre Dios. Después da gracias por ellos.
El adviento fue un tiempo de esperanza. Pero esta esperanza ha estado presente durante todo el curso. El Señor ha hecho que permanezca y se renueve, sobre todo, en algunos momentos concretos. ¿Cuáles han sido esos momentos? ¿Cuáles son las esperanzas y alegrías que el Señor ha ido suscitando en ti?
- Tiempo de Navidad.
Y en la Navidad celebrábamos el nacimiento de Jesús, que hacía posible que en nosotros brotarán sentimientos de ternura, de fragilidad, de encanto, de amor, de paz. Fueron tiempos de familia, de regalos, de alegría. ¿Cómo no dar gracias al Señor por todos esos días? Recuerda ese momento concreto, que más te conmovió. Da gracias por él. Después recuerda los regalos que recibiste, pero sobre todo el regalo de Dios…. Y trata de recordar dónde y cómo se te ha presentado con gran fragilidad y debilidad…
- Tiempo ordinario.
Y nos sumergimos en el tiempo ordinario. Es el tiempo de la vida cotidiana, tiempo de familia, de trabajo, de encuentros, de compras, de reuniones, de relaciones, de levantarse temprano, de… En ese tiempo ordinario se ha ido curtiendo nuestra persona. Hemos pasado por momentos buenos y también por momentos de dolor, de pruebas, de sufrimientos. Hemos sentido cansancios, agobios, momentos de tristeza y también de gozo. En el tiempo ordinario hay tiempo para todo: para reír y para llorar. ¿Qué resaltarías de este tiempo? ¿Cómo has vivido tus tiempos de trabajo? ¿Cómo has vivido en tu familia? ¿Cómo te has organizado tu tiempo?
Lee el texto del Eclesiastés 3, 1-22. En el versículo 12 se nos dice: “Comprendo que no hay para el hombre más felicidad que alegrarse y buscarse el bienestar en su vida” ¿Cómo has disfrutado de ese bienestar? ¿Has procurado no sólo pensar en tu bienestar, sino también en el bienestar de los otros? ¿Qué has hecho para que los demás puedan también gozar de un mayor bienestar? ¿Cómo has ido creciendo en este tiempo ordinario?
- Tiempo de Cuaresma.
En este tiempo hemos sido llevados al desierto. Ha sido un tiempo para la misericordia, el perdón, la oración, la solidaridad, el ayuno. Tiempo para caminar en la búsqueda de la tierra prometida. Tiempo para escuchar la invitación del Señor, para que dejáramos de adorar a otros dioses, y sólo le adoráramos a Él.
Da gracias al Señor por el perdón que te otorgó. Vuelve ahora a sentir cuánto te ama, cómo es misericordioso contigo. Vuelve a releer el texto de alguna de las tres parábolas de la misericordia, que nos presenta el evangelio de Lucas (15, 1-31).
Recordando tu realidad de pecado, dirígete al Señor diciéndole:
Señor, tú sabes que siempre te quise, y que te sigo queriendo; tú sabes que te quiero.
A pesar de mi soberbia y orgullo, a pesar de mis miedos e infidelidades, tú sabes que te quiero.
A pesar del cansancio y del abandono de tantos días, a pesar de mi cabeza de piedra, tú sabes que te quiero.
A pesar de que me cuesta adivinarte entre la gente, a pesar de lo torpe que soy para verte vestido de pobre, tú sabes que te quiero.
A pesar de mis dudas de fe, de mi vacilante esperanza, y de mi amor posesivo, tú sabes que te quiero.
A pesar de las bravuconadas de algunos días, y de la apatía y desgana de otros, a pesar de mis pies cansados, de mis manos sucias, de mi rostro destemplado, tú sabes que te quiero.
A pesar de que me cuesta quererme a mí mismo, a pesar de que no siempre te entiendo, a pesar de los líos que presiento, tú sabes que te quiero.
Yo te quiero, Señor, porque tú me quisiste primero y no renegaste de mí, a pesar de ser torpe y frágil.
Yo te quiero, Señor, porque siempre confías en las posibilidades que tengo de ser, junto a ti, aquí en mi puesto, servidor fraterno,
- Tiempo de Pascua
Jesús Resucitado se ha hecho presente en nuestras vidas, viene a darnos paz, alegría, ánimo, confianza.
Ponte ahora delante de Jesús, consciente de que necesitas sus palabras de consuelo y de aliento, y trae contigo a la oración a tanta gente abatida, desalentada, desesperan¬zada, herida... Escucha con el corazón unas palabras que nacen de la misión que el Padre ha confiado a su Hijo y que el Segundo Isaías expresa así:
«Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios...» (Is 40,1).
«El Señor me ha dado una lengua de discípulo para que haga saber al cansado una palabra alentadora» (Is 50,4).
« No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien darles el Reino» (Lc 12,32).
«No necesitan médico los sanos, sino los que están enfermos. No he venido a llamar a con¬versión a los justos, sino a los pecadores» (Lc 5,32).
«Hija, tu fe te ha sanado; vete en paz» (Lc 8,48).
«Tus pecados te quedan perdonados» (Lc 5,23).
«Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido» (Lc 15,6).
«Hoy ha llegado la salvación a esta casa» (Lc 19,9).
¿Cómo hacer vida en ti la misión que el Señor te encomienda?
3.- Al evaluar el curso, sentimos como María que hemos de alabar al Señor. En el Magnificat (Lc. 1, 46 – 56), después de sentirse mirada por Dios, también María contempla el mundo con los ojos de Dios y descubre, por debajo de las apariencias, cuál es el fondo de la realidad y el sentido de la historia humana. Y es su mirada contemplativa la que le revela hacia dónde se inclinan el corazón y las preferencias de ese Dios que nunca es imparcial.
Acércate a María y pídele que ella, que conoció me¬jor que nadie a Jesús, te contagie su manera de mirar y de proclamar:
«A los hambrientos los colma de bienes..., enaltece a los humildes..., se acuerda de su misericordia...»
Al finalizar este curso haz tu propio Magnificat….
4.- Mira el momento presente y dile al Señor la oración de Teresa de Calcuta:
Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida.
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua.
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo.
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro.
Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos.
Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien.
Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan,
dame alguien que necesite de mi comprensión.
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí,
dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos.
Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día,
también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.
Después reza esta otra oración:
Hoy sembraré una sonrisa... para que haya más alegría.
Hoy sembraré una palabra consoladora... para cosechar serenidad.
Hoy sembraré un gesto de caridad... para que haya más amor.
Hoy sembraré una oración... para que el hombre esté más cerca de Dios.
Hoy sembraré palabras y gestos de verdad... para que no crezca la mentira.
Hoy sembraré serenidad de acciones... para colaborar con la paz.
Hoy sembraré un gesto pacífico... para que haya menos nervios.
Hoy sembraré en mi mente una buena lectura... para el gozo de mi espíritu.
Hoy sembraré justicia en mis gestos y palabras... para que reine la verdad.
Hoy sembraré un gesto de delicadeza... para que haya más bondad.
SI CADA UNO DE NOSOTROS EN EL DIA DE HOY SEMBRAMOS AL MENOS ALGUNAS DE ESTAS SEMILLAS... posiblemente nos podamos mirar como verdaderos Hermanos, Hijos de un mismo DIOS CREADOR y colaboradores de un mundo más humano...
¿Por qué no eliges una frase para vivir cada día de vacaciones?


