7 YO SOY EL AGUA VIVA

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Tiempo de relajación.

 Siéntate en una postura tranquila, recogida, que te ayude a centrarte.
 
Toma conciencia de ti mismo:

- de tu cuerpo: de la postura que estás colocado, sé consciente de todo tu cuerpo, recorriéndolo lentamente: cabeza, cuello, hombros, brazos, tronco, piernas, pies, siente el contacto de tu cuerpo, con el suelo, con la silla.


- de tus sentimientos: date cuenta del estado de ánimo que tienes, de los sentimientos y vivencias que vives ahora…
- de tu mente: los pensamientos que surgen ahora, las reflexiones que van y vienen, los recuerdos e imaginaciones que afloran en este momento…

Animador:

 Quizá te encuentras buscando fuentes de agua, que nunca llegan a saciar tu sed:
sed de éxito, de triunfo, de prosperidad, de relevancia en la vida, de dinero… Pero hay otros deseos más profundos dentro de ti.

 Observa tus deseos profundos:

¿Deseas vivir en  plenitud, en paz y armonía, en profundidad? ¿Deseas vivir la riqueza esencial de tu vida, vivir sintiéndote feliz? ¿Cuáles son tus deseos?

Escucha a Jesús en el silencio de tu corazón:

“El que tenga sed, venga a mí y beba el que crea en mí. Como dice la Escritura: “De sus entrañas brotarán ríos de agua viva” (Jn 7,37-38)

Abre todo tu ser a la sed de Dios…

Vive conscientemente tu sed de Dios, sumérgete en la sed de Dios.

Repite lentamente, con paz, desde el corazón, humildemente:

Señor, tengo sed…

Señor, tengo sed de una vida más profunda,
Tengo sed de una vida en armonía,
Tengo sed de una vida en plenitud…

Señor, tengo sed de ti,
Tengo sed de tu amor,
Tengo sed de tu verdad,
Tengo sed de tu vida….

Señor, tengo sed de Dios,
Tengo sed del Dios vivo y verdadero…

Señor, tengo sed de tu Espíritu,
Tengo sed de ti…

Señor, tengo sed de…

(Repite las innovaciones que más expresen lo que sientes en este momento)

Todos:

Vengo a  ti Señor,
porque tengo sed de vida,
porque tengo sed de felicidad.
porque tengo sed de paz,
porque tengo sed de salud,
porque tengo sed de su gozo,
porque tengo sed de su agua viva,

Vengo a  ti Señor,
porque tengo sed de paz con mi vecino,
porque tengo sed de paz en mi matrimonio,
porque tengo sed de buenos caminos para mis hijos,
porque tengo sed de libertad.

Vengo a  ti Señor,
porque tengo sed de abandonar mis odios,
porque tengo sed de abandonar mis rencores,
porque tengo sed de abandonar mi violencia,
porque tengo sed de abandonar mi agresividad,
porque tengo sed de abandonar mi amargura,
porque tengo sed de olvidar los traumas de mi niñez,
porque tengo sed de olvidar mis recuerdos de fracasos,
porque tengo sed de olvidar las injusticias vividas,
porque tengo sed de olvidar mis sentimientos de soledad,

“Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca
agostada, sin agua
¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!”

Esa es la palabra, clara y única, que define el estado de mi alma, Señor: sed.
Sed física que quema mis entrañas y apergamina mi garganta.
La sed del desierto, de las arenas secas y el sol ardiente,
de dunas y espejismos, de yermos sin fin y cielos sin misericordia.
La sed que se impone a todos los demás deseos
y se adelanta a toda otra necesidad.
La sed que necesita el trago de agua para vivir,
para subsistir, para devolver los sentidos al cuerpo y la paz al alma.
La sed que moviliza cada célula y cada miembro,
cada pensamiento para buscar el próximo oasis
y llegar a él antes de que la vida misma se queme en el cuerpo.

Tal es mi deseo por ti, Señor.
Sed en el cuerpo y en el alma.
Sed de tu presencia, de tu visión, de tu amor.
Sed de ti. Sed de las aguas de la vida,
que son las únicas que pueden traer el descanso a mi alma reseca.
Aguas saltarinas en medio del desierto, milagro de luz y frescura,
arroyos de alegría, juego transparente de olas que cantan
y corrientes que bailan sobre la tierra seca y las piedras inertes.
Resplandor en la noche y melodía en el silencio.
Te deseo y te amo. En ti espero y en ti descanso.

Aumenta mi sed, Señor, para que yo
intensifique mi búsqueda de las fuentes de la vida.

Escucha a Jesús:

“Yo soy el agua viva… Todo el que beba de esta agua, que yo le dé, no tendrá sed jamás. El agua que yo te dé se convertirá en ti en una fuente de agua que brota para la vida eterna” (cf. Jn 4,10-15)

(Silencio)

Mira ahora con gratitud a aquellas personas que en nombre de Jesús te están ofreciendo el agua viva.

Animador:

Terminemos este rato de oración:

Gratitud al Señor…
Alabanza y adoración al Señor… porque nos ha creado con una sed de Infinito, con una sed del Absoluto, porque él mismo nos busca y se entrega totalmente para llenar nuestro corazón…
Señor, te adoro…
Seño, te alabo...
Señor, te doy gracias por ti y por mí…
Señor, te doy gracias por ti y por mí…

Canto:
 
Yo tengo un gozo en el alma,
grande gozo en el alma,
grande gozo en el alma y en mi ser.
¡Aleluya! ¡Gloria a Dios!

Es como un río de agua viva,
río de agua viva.
Río de agua viva en mi ser.
No te avergüences y alaba a tu Señor,
no te avergüences y alaba a tu Señor,
da gloria a Dios, gloria a Dios, gloria a El,
no te avergüences y alaba a tu Señor.